Una memoria viva que fortalece nuestras raíces y proyecta a El Platanar como un referente del turismo religioso y la identidad regional.

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Una memoria viva que fortalece nuestras raíces y proyecta a El Platanar como un referente del turismo religioso y la identidad regional.

La Feria de El Platanar

Así se vivía —y así se sigue sintiendo— la feria de El Platanar, un punto de encuentro donde la fe y el comercio popular daban vida a una de las celebraciones religiosas más importantes del sur de Jalisco.

Desde Colima llegaban mercancías costeñas: sal de Cuyutlán, coco, alfajor, plátanos y mariscos.

De Michoacán, los tarascos traían a la espalda bateas, bulitos, jicaritas pintadas de vivos colores, cerámica, molinillos y sogas de ixtle.

Zapotlán aportaba productos del norte: manzanas y uvas de California, cajetas y confites de tuna de Aguascalientes.

Las telas llenaban la calle Principal, frente al Santuario, con escaparates improvisados que asombraban por su colorido. Dulces, frutas de todos los climas, fondas, neverías y artesanías se distribuían por las calles Hidalgo y Aldama, mientras el Atrio se colmaba de cera y reliquias para los fieles.

Un testimonio que retrata no solo el comercio, sino la devoción profunda, al punto de que muchos vendedores, tras agotar su mercancía, acudían al templo a agradecer a la Santísima Virgen.

📖 Texto: Capítulo XI, “La feria”, extracto (pp. 46–49).

Historia de la Taumaturga Imagen de la Santísima Virgen María que se venera en la Vicaría del Platanar,

Pbro. J. Melquiades Ruvalcaba, 1938.

📸 Fotografías: 5 de febrero de 2026.

Una memoria viva que fortalece nuestras raíces y proyecta a El Platanar como un referente del turismo religioso y la identidad regional